DIÁKONOS

Mentoreo Generacional

Un camino posible

Cuando me propusieron escribir este artículo, la pregunta fue: “¿Qué le recomendarías a la pastoral
actual en su trabajo con las nuevas generaciones?”. Desde el inicio, eso provocó algo en mí. Un
pastor a quien admiro, con gran trayectoria, me pedía mi perspectiva, validándome e invitándome a
una conversación relevante. Pensé: “Qué privilegio, quiero ser parte de esto”. Este artículo es, en sí
mismo, un testimonio de lo que quiero desarrollar: el mentoreo generacional.


He dedicado los últimos quince años al trabajo con preadolescentes, adolescentes y jóvenes.
Aprendí mucho en la práctica y me capacité lo más posible. Dios me permitió recorrer el país
coordinando el área de adolescencia de la UAD y actualmente sirvo desde la vicepresidencia del
departamento de jóvenes. También trabajé en liderazgo para nuevas generaciones con la Fundación
John Maxwell en Latinoamérica. Todo esto me dio una visión amplia de la iglesia y su desafío
actual.


Debemos admitirlo: el mundo cambió. Las nuevas generaciones son diferentes. Existen tensiones y
planteos desde ambos lados. Creo que Dios lo permitió con un propósito, y ahora nos toca
descubrirlo y reducir la brecha.


¿Qué necesitamos las nuevas generaciones?

Genuino por sobre perfecto. 

El modelo de liderazgo cambió. Antes se esperaba autoridad impecable y ausencia de debilidad.
Hoy valoramos lo real, lo vulnerable, lo genuino. Como ministro joven, necesito el consejo sabio de
un adulto: cómo cuidar el matrimonio, criar hijos, administrar la espiritualidad y las finanzas.
Escuchar aciertos y errores no resta autoridad; la fortalece. Si alguien superó crisis con Jesús,
entonces yo también puedo.

Protagonistas por sobre espectadores.
Ya no funciona “mirá cómo lo hago porque algún día te tocará”. Aprendemos haciendo. No
queremos ser un proyecto a futuro, sino un valor presente. No todos liderarán la iglesia, pero sí
pueden liderar su grupo o integrarse activamente. La pertenencia nace en la comunidad.
Cercanía más que jerarquía.

 
No importa cuán alto estés en la estructura, sino cuán cerca estás de mi vida. ¿Sabés mi nombre, mi
llamado, lo que me duele? La relación comienza mejor preguntando: “¿Cómo puedo servirte?”.

¿Qué pueden proponer las nuevas generaciones?


Creatividad.

En un mundo cambiante, es indispensable. Pueden aportar ideas frescas, sin estructuras rígidas ni
preconceptos.


Espiritualidad relevante.
Aunque el mundo llame obsoleta a la religión, buscan vivir una espiritualidad natural y fluida. Son
“naturalmente sobrenaturales”: cuando conocen a Jesús, lo comparten, abrazan al vulnerable y
viven lo que creen. No les interesa fingir. Aman la influencia y probablemente sean la generación
más influyente de la historia. Quieren una relación verdadera con Dios que trascienda la liturgia.

Tiempo y fuerzas.
Tienen energía y disponibilidad. Cuando se les da un espacio intencional, muchas iglesias
descubren que los jóvenes se convierten en su motor. Ese sentido de pertenencia debe acercarlos
más a Jesús.

Nos necesitamos
Necesitamos la energía de los niños, la creatividad de los preadolescentes, el tiempo de los
adolescentes, la fuerza de los jóvenes, la guía de los adultos y la sabiduría de los mayores. La
iglesia es intergeneracional. La sabiduría no es solo vertical; también puede ser horizontal.
Aquí surge el mentoreo generacional: el joven otorga autoridad en ciertas áreas y el adulto cede
espacio en otras. Se empoderan mutuamente. Más importante que el control es preguntarnos cómo
ayudarnos y enseñarnos. La propuesta es clara: ¡vamos juntos!

¿Cómo lograrlo?

Conversación honesta, horizontal e intencional.
Preguntar: “¿De qué quieren que les predique?” y luego “¿De qué quieren predicar?”. Consultar qué
haría significativa una reunión. Preguntar al equipo: “¿Cómo puedo impulsar el ministerio que Dios
puso en ustedes?”. Eso genera compromiso.

Respetar su referencia de valores.
No asocian automáticamente espacios físicos con valor espiritual ni priorizan títulos o jerarquías.
Validan diferente. El acceso masivo a la información les dio rapidez para discernir y descartar lo
irrelevante. No es rebeldía; es otro paradigma.

Mentores.
Pienso en David frente a Goliat. No pudo usar la armadura de Saúl. No esperemos que una
generación camine con nuestras formas. Vencerán con el mismo poder de Dios, pero a su manera.
Honramos el pasado y reconocemos lo construido. Pero creo profundamente que el mentoreo
generacional nos permitirá vivir el evangelio de manera más relevante y genuina. No queremos
heredar solamente; queremos colaborar ahora. Si habilitamos espacios y caminamos juntos, el
impacto será mayor

Los precursores de la Iglesia en Argentina continúan emergiendo,sigamos construyendo juntos.